Ángel de la Rubia, un podólogo de muchos quilates

Realmente no ofrecí demasiada importancia a mis pies hasta el día que motivado por mejorar mi salud, comencé a correr, al principio sin ningún objetivo concreto, pero rápidamente fui cayendo en las garras de esta fantástica droga del running, motivándome a salir a correr, cada día más temprano, cada vez más tiempo, más intensidad, más veloz, mayor distancia. Empecé a acometer carreras populares, primero diez miles, a los seis meses hice mi primera media maratón y al segundo año la distancia mágica de Filípides, el maratón y no un maratón cualquiera, el maratón de Madrid, conocido por su fantástico ambiente, pero también por la dureza de su recorrido.

Todo era fantástico y de color de rosa, me encontraba genial física y anímicamente, perdí diez kilos de peso, dejé de fumar y arrastré a un montón de amigos y compañeros de trabajo a seguir mi nuevo estilo de vida. Hasta que un día empecé a sentir un fuerte dolor en la planta de mi pie derecho, luego supe que se trataba de la temible fascitis plantar, por lo visto muy frecuente entre corredores. Pensé que nunca me pasaría a mí, pero sí, me lesioné.Tras pasar por un montón de profesionales y no tan profesionales, probé casi de todo y con resultado negativo, hasta que conocí a Ángel. Era mi último recurso, me habían hablado muy bien de él alguno colegas de fatigas y luego lo pude corroborar en algunos foros de atletismo, la verdad acudí a él con más fe que esperanza, pues ya había probado las plantillas de varios sitios sin notar mejoría, pero ante tan buenos comentarios y, antes de tirar definitivamente la toalla, probé suerte.

Lo primero que te sorprende cuando llamas a la consulta del doctor de la Rubia,  es la larga lista de espera, con la que está cayendo pensé…, y por fin llegó el día de la consulta, con mi pantalón corto y mis zapatillas de correr.

Nada más pasar a la sala de biomecánica me encuentro con un Ángel;  me recibe con una sonrisa y un apretón de manos.

  • ¿Como estas amigo?.
  • A lo que le respondo. Pues si estoy aquí se puede imaginar que no muy bien.
  • Enseguida y como si de una respuesta aprendida y repetida en el tiempo se tratase, Ángel me susurra, tranquilo hombre ya verás cómo volverás a correr.

Pensé, no sé si me curará este tipo, pero al menos es  amable y simpático y conoce muy bien al corredor.

Tras un exhaustivo estudio corriendo, luego en camilla y después subido a una especie de banco dónde Ángel te examina la huella del pie, finaliza con la obtención de un molde de escayola del pie, tras las correcciones pertinentes me dice, ahora todo depende de este, refiriéndose a dicho molde, y continuando, te voy a realizar un soporte plantar, nosotros no hacemos plantillas, que te va a cambiar la vida, a lo que le respondí, si usted es capaz de hacerme correr le pongo un piso doctor, Ángel me da una palmadita en la espalda y responde, correrás amigo, ya verás como correrás.

Realmente salí muy impresionado de la consulta del doctor, tanto por el trato tan familiar y cercano, como por la profesionalidad demostrada en el estudio realizado, me adivinó el peso, que había jugado al fútbol, que mi madre tenía juanetes, que tengo una cadera más alta que otra, un verdadero crack.

Mi siguiente pregunta fue, ¿cuánto tardan las plantillas?, perdón el soporte plantar, y la respuesta de 3 semanas fue dura pero, después de tanto tiempo parado, ¿Qué son 3 semanas?.

Doctor me voy con esperanzas, le dije, y Ángel contestó con una nueva sonrisa, claro que sí campeón, pero ahora quiero que te limites a estirar tus músculos y a fortalecer tus articulaciones, nuevo apretón de manos.

Tras la ansiada espera para recoger las plantillas, llegó el día D.

  • Un placer verle de nuevo doc.

Ángel me colocó de nuevo sobre el banco de marcha, comprobó el efecto de las plantillas sobre mis pies, me hizo correr con ellas y me preguntó sobre mis primeras sensaciones.

  • Esto tiene muy buena pinta, pero bueno, ya le contaré.

El doctor de la Rubia me recomendó finalmente que la adaptación la realizase progresivamente, unos días tan sólo andando para pasar a correr poco a poco.

Tengo que decir que las sensaciones fueron tan buenas que no le hice caso, desde el primer minuto no pude evitar la tentación de correr y al comprobar que el dolor ya no me impedía entrenar con normalidad, me eché al monte y ya no he parado de correr, llegando a mis tiradas y rodaje anteriores a la aparición de la lesión.

Tengo que decir que para mí el doctor de la Rubia es un verdadero Ángel de la guarda, un gurú de los pies y el gran salvador de muchos corredores populares y no tan populares, según las fotos que tiene en la sala de espera, profesionales del deporte, del famoseo e incluso de la casa real.

Vaya este testimonio como reconocimiento a la figura de Ángel de la Rubia, un podólogo de muchos quilates o como el mismo dice, un artesano del pie a extinguir.

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